Un mareo, el nerviosismo adentro, una brisa susurrante que advierte el terrible designio que aguarda, las malas noticias se respiran a veces. Pensé; quiero ir más rápido, quiero adelantarme a la angustia, correr ansiosamente a su encuentro o huir. Luego entiendo que nada cambiara, todo invariablemente será cumplido, las cartas ya están echadas. Las calles poseen el silencio que antecede a las tragedias, la espera gris, los segundos gota a gota nos van consumiendo hasta la llegada del mensaje, siempre el mensaje, que no es otra cosa sino el abismo creciente de siempre, la tristeza que avanza…
